19/06/2019
miércoles 19 de junio del 2019 - T
19 junio 2019 - T

Raquel Pozzi Analista en Poli­tica Internacional

sábado, 16 de marzo, 2019 - 12:05 hs.
ISIS, una amenaza para Rusia

Cuando las miradas del mundo se centran en la situación de los focos yihadistas en Siria, específicamente en Idlib, Deir Ezzor y Baghouz la guerra que lleva 8 años y que ha dejado 5,6 millones de refugiados y 6,6 millones de desplazados internos dentro del país (según fuentes ACNUR) las alarmas resuenan en Afganistán por la presencia del movimiento radicalizado del ISIS en pleno proceso de paz con los talibanes.


La vacilante actitud norteamericana de retirar las tropas, el displicente presidente actual de Afganistán Ashraf Ghani Ahmadzai y el desvarío de las condiciones impuesta por los talibanes retrasa la firma del acuerdo exasperando los ánimos en Moscú ante la amenaza que significa el rebrote del ISIS en la zona del Cáucaso Norte. Las intenciones del ministro Serguéi Lavrov de obtener la paz definitiva en Siria y la posterior reconstrucción del proceso político se evidencian en las propuestas del mandatario ruso Vladimir Putin en la cumbre Rusia-Turquía-Siria en la ciudad rusa de Sochi (febrero 2019) quien aclaró de manera enérgica que están empeñados en terminar con la destrucción de los tentáculos del Daesh que azotan regiones de Rusia como también algunos estados de Asia.


El tan anunciado final del califato y de los minúsculos bastiones que domina ISIS en Siria es cuestión de tiempo, pero el verdadero peligro para Rusia lo constituye la emigración hacia el Cáucaso del Norte de los muyahidines que combatieron en Siria e Irak para unirse a las fuerzas del Emirato del Cáucaso. Esta región donde conviven numerosas etnias como también conflictos nacionalistas ha generado enfrentamientos constantes por la independencia de algunas repúblicas luego de la caída de la URSS, especialmente en Chechenia ocasionando enfrentamientos que datan de 1991 con la declaración unilateral de la independencia agravándose en 1994 con las intenciones de restaurar el orden constitucional a través de una carta magna que proponía un gobierno parlamentario y secular. La llegada de grupos radicalizados a la región importados de la península arábiga le otorgó al movimiento nacionalista la veta del extremismo religioso. Jóvenes combatientes llegan desde Siria, Afganistán y Pakistán hacia los estados separatistas de la ex Unión Soviética, sobre todo en la Estepa de Nokay y Cherkesia para reforzar la estructura del alicaído emirato norcaucásico en estado de reposo mientras transcurre la etapa final de la guerra en Siria.


La lucha anti-terroristas de Moscú a través de las fuerzas del FSB (Servicio Federal de Seguridad) el desfinanciamiento y la constante presión del servicio de inteligencia ruso contra los salafistas de Daguestán como también la lealtad del jefe de gobierno de Chechenia Ramzán Kadýrov hacia Vladimir Putin fueron motivos suficientes para fracturar las células yihadistas y generar la diáspora en el año 2012 y la radicalización de algunos jóvenes provenientes mayoritariamente de las repúblicas autónomas de Chechenia y Daguestán y en menor medida de Osetia del Norte, Ingushetia, Kabardino-Balkaria, Karachevo-Cherkesia y Adiguea, hacia Siria para insertarse en el frente Al-Nusra, rama de Al Qaeda en la zona, quien lentamente retrocedió ante el avance del ISIS y la formación del califato del Estado Islámico, si bien esos tiempos quedaron atrás, la situación actual preocupa ya que la guerra en Siria está en su fase terminal transfiriendo el conflicto hacia otras regiones.


La jura de lealtad


La mirada retrospectiva de la ruta de los muyahidines desde la zona norcaucásica hacia Siria, es necesaria para comprender el desgaste y debilitamiento que sufrió el Emirato del Cáucaso. Los conflictos en Irak y Siria han eclipsado y congelado los conflictos nacionalistas en la región límite entre Europa y Asia. La región de grandes recursos naturales escasamente explotados se ha transformado en un escenario supletorio aunque por la capacidad económica y posición geoestratégica el gobierno ruso monitorea actualmente las repúblicas independientes.


La situación de superioridad de Moscú sobre la insurgencia yihadista procede de dos factores importantes: 1- Mano de hierro contra el terrorismo y la posterior eliminación de los emires, como ejemplo el Imarat Kavkaz (Emirato del Cáucaso) leal a Al Qaeda y 2- El desplazamiento de los radicalizados hacia Siria e Irak los cuáles juraron lealtad al Estado Islámico. La convivencia entre el alicaído Emirato del Cáucaso con la rama caucásica del ISIS fue conflictiva hasta fines del 2018. El reacomodamiento de los focos del ISIS en Siria y la rehuida hacia otras regiones ha generado el resurgimiento del Emirato del Cáucaso teniendo en cuenta la gran capacidad de resiliencia de los yihadistas frente a la dura acción militar rusa y las campañas gestadas de Chechenia e Ingushetia.


La creación de comités de ayuda para desmovilizar e insertar a los combatientes a la vida civil ha sido exitosa hasta el arribo masivo de muyahidines a sus lugares de origen. La contrariedad que enfrenta Moscú es que la lucha contra el terrorismo no sólo afecta al Cáucaso Norte sino a regiones donde habitan población tártara, los Urales, Siberia y centroasiáticos en la zona de Moscú, aunque las zonas más comprometidas son Chechenia y Daguestán. Rusia tiene varios frentes conflictivos abiertos más allá de la situación en Ucrania, el ejemplo del estado de Tartaristán (República Moldava Pridnestroviana) es desconocido y aunque alejado del Cáucaso es factible que se transforme en un área propensa a la expansión del yihadismo. La jura de lealtad al Estado Islámico y su posterior derrumbe ha engendrado nuevas formas de resistencia en territorios que son esenciales para mantener la calma de los focos nacionalistas en regiones de la ex Unión Soviética.


El Salafismo contra los nacionalismos del Cáucaso Norte


Algunas consideraciones. El Islam entendido como la total entrega y rendición incondicional a Alláh (Dios) constituye uno de los primeros estadios de la tradición islámica considerando la existencia de un Dios Todopoderoso sabio y justo quien entrega a través del arcángel Gabriel un mensaje a su Profeta Muhámmad. El Corán (Al-qur-an) es considerado como un atributo revelado eterno, principal fuente para la Sharia o Ley Islámica. Los musulmanes sometidos voluntariamente a la ley divina procesan en su interior la búsqueda del equilibrio y la armonía a través de la Yihad menor (expandir, convencer o convertir) y la Yidad mayor (individuo que realiza un esfuerzo para vencer sus pasiones).


El fundamentalismo hace referencia al retorno de los fundamentos y se circunscribe al judaísmo, cristianismo, budismo y otras religiones que rebaten los embates de la modernidad contra los preceptos tradicionales y fundamentales. En el Islam se rechaza el concepto de fundamentalismo, en su lugar se utiliza el concepto de Salafismo (especialmente en el ámbito sunní no así en la rama chií del Islam) interpretado como la vuelta a la pureza que ha ido perdiendo con los cambios generacionales.. El Islam reformado debe volver a su origen de pureza al sentido estricto de la Ley islámica y la vuelta al “Salaf” (primeras generaciones). Para el Salafismo la contaminación deriva de los sentimientos nacionalistas que surgen de las regiones multi-étnicas ya que los Estados-Nación van en contra de la interpretación que tiene el salafismo sobre el lugar de procedencia y otros aspectos culturales no son tan importantes a la hora de integrarse a la Umma islámica (comunidad islámica).


La interpretación occidental de la Sharia es el punto de disputa para los salafíes insistiendo en la re islamización del mundo islámico como proyecto político según el teórico Muhammad Nasiruddin al-Albani. En el Cáucaso del Norte prolifera esta vertiente del Islam quien ha ido supliendo a los nacionalismos para ganar terreno en zonas de conflictos congelados gestionando incomodidad para el gobierno de la Federación rusa. El ISIS retorna desde Siria como un boomerang hacia las estepas rusas proponiendo otro frente para el coloso Vladimir Putin que lejos está de tumbar la vigilancia en su propia morada.

   


Columnas anteriores
viernes, 14 de junio, 2019 - 10:20 hs.

El Golfo Pérsico se ha constituido en el centro de atención no sólo por la profundización del enfrentamiento entre los Estados Unidos e Irán, si no también por la lucha hegemónica de la región entre el reino de Arabia Saudita y la República islámica de Irán. En el Golfo Pérsico convergen dos de los estrechos más importantes del mundo en la ruta petróleo: Ormuz y Omán.


El que ha suscitado mayor atención en la actualidad es el Estrecho de Ormuz -una franja de 33 km en su punto más angosto y de 280 km de longitud- custodiado por la República Islámica de Irán, por donde transita entre el 30 y 35 % del petróleo mundial así como también otros productos desde los puertos de Irak, Kuwait, Qatar, Baréin, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.


Los estrechos de Omán y Bab El - Mandeb conforman otros puntos estratégicos también importantes en la ruta del petróleo mundial por el Mar Arábigo, Mar Rojo y el Canal de Suez hacia el Mar Mediterráneo.


El clima de tensión en la región es determinante en las variaciones cíclicas en el precio del petróleo a nivel global. Los últimos ataques registrados en el Golfo de Omán a dos buques petroleros –Front Altair y Kokuka Courageous- con cargamentos de hidrocarburos y Metanol que navegaban hacia Taiwán –Front Altair- y Singapur –Kokuka Courageous- están relacionados con capitales japoneses en el contexto de la visita del primer ministro japonés Shinzo Abe al líder supremo iraní Alí Jameneí.


Las fuertes sospechas de sabotaje surgieron desde Teherán donde el presidente Hasán Rohaní consideró de vital importancia la seguridad en los estrechos luego de los anteriores incidentes que señalaron al estado persa como el gestor de los mismos.


La visita del premier nipón


La llegada a Teherán de Shinzo Abe parecía maquillar las provocaciones generadas por el presidente norteamericano, gesto interpretado como un factor mediador entre ambos estados, sin embargo las explosiones de los buques en el Golfo de Omán sabotean estas argumentaciones.


La Guardia Revolucionaria Islámica considera que se trata de “atentados de falsa bandera” cuyo objetivo es culpar directamente a la República islámica de Irán. El ayatollah Alí Jameneí considera que no responderá a las provocaciones de Occidente y que buscará construir puentes de relación con aquellos estados que quieran generar vínculos constructivos.


El Estado de Japón renunció en el mes de abril a las compra del petróleo iraní para evitar las sanciones que los Estados Unidos impondría a aquellos países que mantuvieran relaciones comerciales con el estado persa, luego de la salida del acuerdo nuclear. Esta visita podría generar para Teherán y Tokio un alivio económico aunque Trump los mire por el rabillo del ojo. La inquietante situación en el Golfo Pérsico, la volatilidad del precio del petróleo, las presiones de Arabia Saudita y otros estados a la República islámica de Irán a través de la OPEP que reducen la oferta del oro negro y el consecuente aumento del precio, se suma a la guerra comercial entre Estados Unidos y la República Popular de China como también a múltiples factores que inducen la desaceleración de la economía a escala global.


Aspectos que inquietan a Donald Trump en el Golfo Pérsico


El desvelo norteamericano se centra en el poder de disuasión que ostenta Irán por el paso obligado del mayor tránsito del oro negro del mundo, el Estrecho de Ormuz. El estado persa altera los ánimos de varios estados cuando anuncia con patrullaje militar –poderosa fragata Sahand- y la táctica de colmena –enjambre de lanchas ligeras- el cierre del estrecho de Ormuz aunque esto implique un gran esfuerzo militar y la violación de leyes y reglamentos internacionales.


Desde Teherán se evalúan los costos y riesgos que implica bloquear el paso como también la posible interpretación de una declaración de guerra directa con el agravante que en la ruta marítima del petróleo hacia el oeste, orillando Omán y Yemen, se encuentra Djibouti -en el estrecho de Bab el – Madeb-, un pequeño país africano en el cuerno de África en las costas del Mar Rojo, donde están instaladas bases militares de Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y China. Las tensiones y provocaciones entre los Estados Unids y la República Islámica de Irán no contemplan en absoluto ningún modo de acercamiento; al contrario, cuanto peor, mejor.


Las incitaciones entre ambos estados exponen un clima enrarecido por posibles enfrentamientos militares en la región del Golfo Pérsico, tan candente como complicada por las implicancias geopolíticas. El presidente norteamericano demuestra fibra militar, pero deja entrever el temor de los Estados Unidos compartido con la República de Israel y los saudíes ya que el fortalecimiento de la rama musulmana chií en la región activa las alertas también en la República de Irak, generando otros frentes de disputa. No obstante, la presión económica contra Irán por las sanciones impuesta por los Estados Unidos luego de la salida del Plan Nuclear (PAIC) estrangulan la economía persa, cuyos números negativos pronostican vientos de guerra en la política interna iraní.


El desbaratado Plan de Acción Integral Conjunto PAIC -“el Pacto Nuclear”- acordado en Julio de 2015, el retiro prematuro de los Estados Unidos y el anuncio recientemente realizado por Teherán de renunciar a obligaciones manifestadas en el acuerdo altera directamente a la Unión Europea, que capea como puede la turbulencia entre los Estados Unidos e Irán.


Si bien el presidente iraní Hasan Rohani aclaró que su país no abandona el Plan Integral de Acción Conjunta (PAIC), lo cierto es que el país persa decidió quebrantar el punto más sensible del pacto: ignorar los límites de sus reservas de uranio enriquecido y agua pesada. Hasta ahora, Rohani y la cúpula religiosa iraní consideraban que la buena conducta con respecto al Pacto Nuclear podría morigerar los efectos recesivos de su economía, sin embargo la escasa tolerancia hacia los Estados Unidos, la rivalidad con Israel en Siria y una economía tambaleante determinaron el nuevo rumbo de las relaciones con Washington: De la distensión a la crispación en el Golfo Pérsico.

miércoles, 5 de junio, 2019 - 13:09 hs.

Finalizado el proceso electoral en la República de la India y confirmada la amplia victoria de NarendraModi del partido nacionalista Bharatiya Jamata Party logrando la mayoría absoluta en 299 escaños sobre los 542 que componen el LokSabha; la generación Centennial y las redes sociales desempeñaron un papel central entre los 900 millones de ciudadanos con derecho a voto. Fueron las primeras elecciones donde 250 millones de usuarios en las redes sociales utilizaron datos móviles, números cercanos a los consumidos en China y Corea del Sur. Los 600 millones que acudieron a las urnas priorizaron el crecimiento económico del 7,4 % del PBI de la India en proyección para el año 2019 del cual Modi es el mentor, aunque con cuellos de botellas como la pobreza, la desigualdad y la contaminación ambiental.


En el contexto de la guerra comercial emprendida por Donald Trump anunciando que el día 5 de Junio eliminaría a India del programa de Sistema Generalizado de Preferencias (SPG) exonerando al estado asiático de tasas arancelarias en algunos productos, Modi responde con la misma intensidad belicosa que su par norteamericano prometiendo aranceles a productos estadounidenses. La altivez del reelecto mandatario indio se posa en resultados electorales favorables; positivos anuncios y datos oficializados por la Oficina Central de Estadísticadel crecimiento económico real de su país a pesar de los problemas de liquidez.


La democracia convencional versus la sórdida anti-democracia


Si el objetivo es superar a China, Nueva Dheli tendrá que centrar toda su energía en el desarrollo de la economía digital. La República de la India además de ser la quinta economía más importante del mundo; el segundo país más poblado del planeta; la potencia militar dotada de arsenal nuclear, forma parte del Club selecto de Estados que han ingresado ala órbita espacial enviando un satélite.


El modus operandi durante la campaña electoral; la guerra de “etiquetas” en las redes sociales y la estrategia Nacional de Inteligencia Artificial en una masa poblacional que supera los 1.360 millones de habitantes han convertido al estado indio en un verdadero volcán eruptivo de conectividad. En este contexto se diluye el análisis que el régimen de castas; tribus y el abanico pluri-religioso tuvo incidencia en la elección del partido BJP; pese a pronósticos desalentadores, Modi ideó una campaña electoral sobre la base de una política arquitectónica, donde los votantes, sobre todo los jóvenes han ignorado las divisiones sociales en pos de la unidad nacional y la seguridad dentro de las fronteras.


Las aspiraciones hegemónicas del primer ministro reelecto dentro del cordón Asia-Pacífico tienen el doble objetivo de superar a China y neutralizar a Pakistán. La cuestión del terrorismo ejercido en Jammu y Cachemira ha sido el detonador para que millones de jóvenes se convirtieran en trolls políticos operando coordinadamente a favor de Modi en contra de Rahul Gandhi, el ataque quirúrgico contra Pakistán por el gobierno ultra-nacionalista ha sido una de las columnas propagandística en las redes sociales.


La conectividad en India y los desafíos de Modi


El ingenioso programa de identidad digital el “Aadhaar” generó una plataforma digital de datos de más de 1.200 millones de indios identificados a través de 12 dígitos obtenidos a través de la huella digital, escaneo del iris y fotografía, facilitando la tarea al TSal deshacerse del engorroso sistema del carnet de identidad. La victoria del partido nacionalista Bharatiya Janata Party (BJP) logró superar los 288 escaños sobre 542 del LokSabha, mayoría parlamentaria superior a la de cualquier gobierno en toda la historia del país resoluciones de agenda gubernamental muy cómodas. Sin embargo los desafíos forman parte de la trayectoria histórica de Modicontra la tolerancia religiosa debido a graves acusaciones de matanzas y linchamientos contra la población musulmana en India.


Además del exacerbado nacionalismo, India también es un estado potencial de conflictividad interétnica e interreligiosa sobre todo contra la comunidad de más de 200 millones de musulmanes. Los desafíos son los mismos desde la independencia del país: problemas históricos, sociales y fronteras conflictivas con Pakistán y China determinan que hace falta menos activismo político y más inteligencia supra-estructural para lograr disipar los vientos de guerra en una región de alta volatilidad militar y con campos operativos que adoctrinan a través de las pantallas.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

martes, 28 de mayo, 2019 - 13:33 hs.

El viejo imperio británico que comenzó una carrera embrionaria y colonizadora a partir del S. XIV enfrentando a los españoles y portugueses y cuya plenitud dominante se remonta a finales del S. XIX hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, se encuentra actualmente en un atasco que no condice con su historia como estado conquistador.


La Gran Bretaña, adalid del dominio marítimo que repartió los territorios del “mundo conocido” con Francia; Bélgica; Alemania; Japón; EEUU entre otros, llegó a ocupar la cuarta parte del territorio mundial antes del inicio de la Gran Guerra y es la misma nación que declaró la guerra en Septiembre de 1939 al III Reich alemán, comandando la Triple Entente el gran estratega británico, Winston Churchill. Aquel imperio, se percibe hoy como un estado esponjoso e inmaduro.


El viejo imperio que sin tapujos transfirió porcentajes altísimos de población británica hacia sus colonias a sabiendas que ese sería una excelente estrategia de vaciamiento político, económico y cultural de las zonas conquistadas, combatió en todos los terrenos, aún en aquellos que les fueron hostiles como la rebelión de los cipayos indios, donde se las ingenió para configurar un entramado político dominante que acallase cualquier sublevación.


El viejo imperio, que en pos de subestimar las resistencias originarias fue la comidilla del sector de la prensa y el parlamento de su propio país cuando los errores de información de Lord Chelmsford le valieron la pérdida de una batalla contra los zulúes en Sudáfrica, denominado el “Desastre de Isandlwana”.


La subestimación del ejército británico invadiendo Zululandia no pudo contra las tácticas del Rey Zulú Chaka, que imperaba hacía 70 años. Los errores del “hombre blanco” radicaban en el desconocimiento territorial y táctico tribal de la resistencia poderosa de los zulúes a través de la estrategia “cuernos de búfalo”, cuya fuerza centrífuga expulsaba líneas de hombres armados de manera artesanal en dos flancos que envolvieron a los británicos convirtiendo la batalla en un verdadero desastre para los europeos.


Esta sintética semblanza histórica rememora las enormes victorias de un Imperio poderoso con algunos tropiezos que tuvieron que ver con ese juego perverso del conquistador, la subestimación de los “otros”. Esa otredad, a la cuál tanto se niegan las viejas y arcaicas estructuras políticas occidentales, han hecho tropezar el mito imaginario del británico diplomático y previsor.


Ese viejo imperio actualmente se enfrente a sí mismo bajo el embrujo de la vieja política cada vez más conservadora frente la renuncia de Theresa May, luego de un proceso patológico con respecto al Brexit cuyas mociones ofrecidas para no llegar a la “Chaotic Brexit” (Ruptura caótica), fracasaron y colapsaron, generando un cataclismo que hace difícil pensar racionalmente una salida decorosa del Reino Unido de la Unión Europea.


Renuncia, sucesores y elecciones del Parlamento Europeo


Tras la renuncia de Theresa May, la carrera se perfila en torno a la sucesión de la primer ministro, entre los favoritos se encuentran: Alexander Boris de Pfeffel Johnson (ex alcalde de Londres), periodista y político, quien ha demostrado una postura pendular con respecto a las políticas de Theresa May y el Brexit, considerado el favorito de Donald Trump; Michael Gove, con alta aprobación de sus pares aunque condicionado por su postura xenófoba en la publicación del libro “Celsius 7/7” sobre terrorismo islámico; Amber Rudd, conservadora pero con ciertas posturas de izquierda y adepta a un segundo referéndum con respecto al Brexit; y Dominic Raab, que cuenta con un grupo de ciudadanos que alzan las voces “Ready for Raab” –Preparados para Raab-, es el candidato de las redes sociales, y considera como mejor decisión el “Brexit sin acuerdo”.


La renuncia de Theresa May era esperada dentro del círculo cerrado en Westminster, en medio de la polvareda que dejó David Cameron en Junio del 2016. Cualquiera de los sucesores no demuestra actitud conciliadora con Bruselas, típica maniobra política en el contexto de una economía atosigada por la incertidumbre proveniente de la arenga política, pero resistida por el establishment económico, quienes comenzaron armar las valijas para emprender el traslado del centro operativo desde Londres a Amsterdam.


La línea euroescéptica cada vez más fortalecida se ha transformado en una verdadera pesadilla y el daño colateral ha sido la pérdida del capital juvenil (pro-UE) en el bajo interés por la política frente a las decisiones seniles de la población más envejecida que regentea actualmente el corredor palaciego en Westminster, frente al desencanto juvenil y el desinterés por el Brexit.


El Reino Unido parece perfilarse hacia nuevas configuraciones regionales, observando horizontes de rupturas entre los reinos que pasará a conformar el nuevo “Reino Desunido”.


El Brexit es el claro ejemplo de una disparatada contienda política que comenzó el 23 de junio del 2016, y que actualmente los británicos no imaginaban ser parte de las votaciones de Mayo de 2019 en la conformación del nuevo Parlamento europeo.


Una extraña paradoja de debilidades no sólo del Reino Unido, sino también de la Unión Europea, que acarrea las consecuencias de la paciente espera de la resolución del Brexit. Lo cierto es que tanto Theresa May como Mark Rutte, de los Países Bajos, fueron los primeros citados a votar el jueves 23 de Mayo en un proceso de elecciones que finalizó el domingo 26 de Mayo.


Elecciones del Parlamento Europeo


Cerca de 427 millones de ciudadanos entre 28 estados fueron llamados a las urnas estando en juego 751 diputados, con mayor participación con respecto a otras elecciones en algunos estados.


El Partido Popular Europeo encabeza la lista seguido de los Social-Demócratas, aunque con pérdida de escaños. Los mismos fueron cooptadas por otros espacios políticos como La Agrupación Nacional de Marine Le Pen y el Partido Europa Ecologista Los Verdes (EELV) de Francia; el Partido Nacionalista húngaro Fidesz de Viktor Orban; el Partido del Brexit del ultra-nacionalista Nigel Farage entre otros.


Aunque muchos renieguen, las elecciones para la nueva conformación del parlamento europeo se transformó en el termómetro para los que actualmente gobiernan, aunque en algunos casos se transformó en una catástrofe política, como es el caso de Emanuele Macron en Francia contra Marine Le Pen, y el de Theresa May contra Nigel Farage.


Si algo le falta al escenario electoral es el divorcio del Reino Unido y la expulsión automática del Parlamento Europeo. Las 73 bancas que ocupan los británicos serán repartidos en forma proporcional entre el resto de los países de la UE.


El viejo imperio ha dado muestras de un gran retroceso político, las lágrimas de Theresa May no se corresponde con la histórica altivez de un estado arrogante cuyos legajos morales sólo están escritos en la memoria de aquellos que lo padecieron. Entre lágrimas, la derrota política del Reino Unido con respecto al Brexit, hace presagiar que los aires de las arcaicas políticas marchan sin la brisa renovadora de la juventud, con el sólo objetivo de conservar el prestigio, arriesgando en perspectiva la autodestrucción.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

lunes, 20 de mayo, 2019 - 11:20 hs.

Cuando el país de la dinastía saudí equivocó el pronóstico al creerse vencedores entrando en guerra con Yemen en marzo de 2015 en una campaña contra los hutíes con la creencia de enfrentarse a un estado pequeño y débil viene inmediatamente a la memoria algunas reflexiones del escritor John G. Stoessinger (Director interino de la División de Asuntos Políticos de Naciones Unidas) en su obra Porque las naciones van a la guerra aclarando que “Hay una constante de la perspectiva que tienen todos los dirigentes cuando van a entrar en guerra: todos esperan la victoria tras una campaña breve y triunfante” y así lo entendió en ese momento príncipe heredero Mohamed Bin Salmán Al Saud, creyendo en una guerra rápida y letal para los hutíes.


A sabiendas que la custodia iraní podría ser un gran impedimento para lograr el objetivo del hijo de Salmán bin Abdulaziz, rey de Arabia Saudí y jefe de la casa Saudí, puso en marcha una coalición de varios países que con el financiamiento de los saudíes era imposible pensar en el fracaso. Tanto Egipto; Los EAU; Jordania; Kuwait; Bahréin; Qatar sumando a los Estados Unidos y el Reino Unido, la Operación “Tormenta definitiva” era sólo un trámite.


El apoyo logístico de armamentos de los Estados Unidos y la contratación de mercenarios provenientes de Sudán y otros estados pobres africanos armados con Kalashnikov AK-47 y M-16 calibre 5.56 como sicarios de guerras, garantizaba definitivamente que Arabia Saudita aplastaría a los rebeldes en Yemen. Pero, ni la coalición, ni el financiamiento ni tampoco el ingreso de mercenarios bastaron para –que el único estado que lleva el nombre de una dinastía- asegurase que la operación sea exitosa aun sumando otras maniobras saudíes como los bloqueos navales que aislaron totalmente a la población yemení. La excusa perfecta era neutralizar a los “terroristas hutíes” sin importar la catástrofe humanitaria que conllevaría a Yemen, un estado pequeño y grande a la vez por su posición geo-estratégica en la península arábiga.


Cuando se lanza una guerra a “tientas y tontas” con la arrogancia del poder absoluto, repasar la historia de la guerra civil de Yemen del Norte entre 1962 y 1970 aunque sea por estrategia les hubiese recordado a los saudíes que dicho país tiene una historias de combatientes aguerridos. En los tiempos de Gamal Abdel Nasser (presidente egipcio) que lideraba la lucha en el Golfo Pérsico en los 60s a favor de los republicanos norteamericanos tuvo la peor equivocación de enviar un numeroso contingente de tropas a Yemen, un error que lo conduciría a posteriori a la fatal derrota en la guerra de los seis días contra Israel y libros escritos sobre los peores errores estratégicos del líder tercermundista. El actual presidente norteamericano Donald Trump parecería ir en ese rumbo con sus movimientos ajedrecísticos en el Golfo Pérsico, claro… Ninguna guerra de envergadura tuvo lugar en su territorio y esto lo despoja de empatías en relación a otros estados que viven en guerras continuas.


“Besa la mano que no puedes cortar”


El conde Alexander de Marenches oficial militar francés, asesor especial de los Estados Unidos durante la presidencia de Ronald Reagan y miembro del SDECE (Servicio de documentación externa de contra-espionaje) en sus glosas del libro “Secretos de Estado” parafraseaba el sub-título citado consideraba que la cuestión en Oriente tenía que ver con no subestimar al enemigo por más pequeño que éste fuese, porque esa asimetría en combate puede dejar en evidencia las debilidades del más grande.


D. Trump movió piezas fuertes sobre el mar enviando los portaviones Al USS Lincoln, bombarderos B-52 y el buque USS Arlington con sistemas antiaéreos Patriot, los cuáles se encuentran en Qatar mientras tanto el líder supremo de Irán, Alí Jameneí manifiesta que “Nadie debe temer la aparente grandeza de Estados Unidos, ni su despliegue en el Golfo Pérsico, porque su verdadero poder es mucho menor” (EFE) y que sólo se trata de una “guerra de voluntades”. Trump demuestra fibra militar pero deja entrever que hay algo de temor hacia La República Islámica de Irán y no es sólo el Estrecho de Ormuz. El presidente norteamericano tiene obsesión por derrocar al régimen que en febrero de 1979 propuso una nueva configuración regional con el derrocamiento del útlimo Shá de persia Mohamed Reza Pahlevi y el triunfo de la Revolución islámica en Irán con el nombramiento del líder supremo: el Ayatolá R. Jomeini. El difícil anclaje entre Irán y Occidente persiste hasta la actualidad aunque la tensión más cruenta es entre Irán y la República de Israel. Donald Trump se ha erigido como tutor de Israel con las concesiones tales como el cambio de la embajada de los Estados Unidos de Telaviv a Jerusalén; el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y el reconocimiento que los Altos de Golán sirio como parte del territorio israelí.


Washington pretende hundir a Teherán en el caos social ya que Irán está cada vez más ahogada económicamente por las sanciones impuesta por los EEUU luego de la salida del Plan Nuclear (PAIC). La economía persa tiene números que pronostican vientos de guerra en la política interna iraní: El PBI prevé que caerá en 2019 un 6 %, Inflación mayor al 40 % y su Moneda devaluado al 30% panorama desalentador no sólo para Irán sino para sus socios europeos en Brusela-Berlín-Londres y Paris.


El temor de los Estados Unidos es compartido con la República de Israel y con los saudíes ya que el fortalecimiento de la rama musulmana shií en la región activa las alertas que suenan en Iraq. La gigante petrolera estadounidense Exxon Mobil en la República de Iraq ha evacuado a todo su personal extranjero del yacimiento West Quma 1 en la provincia meridional de Basora, alegando motivos de seguridad.


Debemos tener en cuenta que la zona sur de Irak constituye casi el 90% de la producción total del crudo del país, dato no menor para comprender la importancia de Iraq como pieza clave en este atolladero.


La conclusión es clara: A sabiendas que un enfrentamiento convencional directo entre Estados Unidos e Irán sería una catástrofe, Trump vuelve a rememorar viejos esquemas a través de la “construcción del enemigo” repitiendo la historia otra vez Iraq.

"Lo más grande es lo más ínfimo" (Victor Hugo)


Todo parece indicar que a los árabes saudíes -con mayoritaria población musulmana sunní- más allá de los odios históricos, le preocupa sobremanera los aliados que posee Teherán -con mayoritaria población chií- en Irak, Líbano y Siria. La sola mención del líder de la milicia shiita anti-estadounidense Kata´Ib Hezbollah (KH) en Iraq se transformó en el temor generalizado no sólo para Donald Trump sino para los estados de la región que ven la expansión de chiísmo como una amenaza regional. Si bien es cierto que la milicia shií y su líder Gamal Ibrahimi se encuentra en la lista de presuntos autores-intelectuales de atentados a las embajadas de Estados Unidos y Francia en Kuwait (1983); el asesinato del Emir de Kuwait en 1985; la persecución y ejecución sistemática de civiles sunnitas como también fue el apoyo logístico de Basar Al Assad en Siria, este identikit alienta en el mundo posturas anti-iraníes.


Pero si de ventilar se trata, los saudíes han realizado una propaganda de victimización al revelar el ataque con drones a infraestructuras petroleras (Oleoductos Este-Oeste) por los rebeldes hutíes de Yemen, siendo la noticia más globalizada porque era funcional al imaginario mundial la guerra entre los Estados Unidos y aliados contra Irán.


El escenario perfecto para el sensacionalismo, la estrategia del Shock de Noemí Klein una técnica genuinamente disciplinaria, paralizante que aniquila cualquier intento de razonamiento, la verdadera psico-política neoliberal que propone magistralmente el filósofo coreano Byung-Chul Han. La optimización de la violencia de la negatividad (negación de la realidad) es tan destructiva como la violencia de la positividad (la guerra como solución del enemigo creado). Mientras consideremos necesaria la guerra para neutralizar al enemigo estamos negando otras guerras que ya han destruido enemigos creados, me refiero exclusivamente a la guerra en Yemen, uno de los genocidios modernos velados y olvidados. La creación del título catastrófico “Golfo Pérsico camino al desastre” actúa como violencia negativa, quizás sólo así consideremos más importante la matanza sistemática de los yemeníes por las bombas árabes que la destrucción de los gasoductos saudíes por drones hutíes .


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

sábado, 11 de mayo, 2019 - 11:47 hs.

Las tensiones y provocaciones entre los Estados Unidos y la República Islámica de Irán no contemplan en absoluto ningún modo de acercamiento, al contrario, cuanto peor mejor. Las incitaciones entre ambos estados exponen un clima enrarecido por posibles enfrentamientos militares en la región del Golfo Pérsico, tan candente como complicada por las implicancias geo-políticas.


El despliegue del portaaviones nuclear estadounidense Abraham Lincoln hacia el golfo Pérsico como política disuasiva, según el asesor de seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, fortalece los objetivos plasmados en la agenda de política exterior de los Estados Unidos hacia la República Islámica de Irán luego de acusaciones desafiantes al considerar como “grupo terrorista” a la Guardia Revolucionaria Islámica, el organismo militar más importante del estado persa.


A los Estados Unidos la región Oriente Medio no le es cómoda aunque forma parte de su obsesión, sin embargo no es sólo obcecación de la Casa Blanca, sino que forma parte de una estructura de obsecuencias de aliados que tardan en manifestarse por la conducta impredecible de Donald Trump al romper con los modelos tradicionales de equilibrios de los poderes estatales en pos de mantener el sistema-mundo.


El desbaratado Plan de Acción Integral Conjunto PAIC “el Pacto Nuclear” acordado en julio de 2015 entre Irán, los Estados Unidos, la Federación Rusa, China, Reino Unido, Francia, Alemania y el Grupo E3/Unión Europea + 3 alcanzado por el G5 + 1, con el retiro prematuro de los Estados Unidos y el anuncio recientemente realizado por Teherán de renunciar a obligaciones manifestadas en el acuerdo altera directamente a la Unión Europea, que capea como puede la turbulencia entre los Estados Unidos e Irán.


Si bien el presidente iraní Hasan Rohani aclaró que su país no abandona el Plan Integral de Acción Conjunta (PAIC), lo cierto es que el país persa está decidido a quebrantar el punto más sensible del pacto: ignorar los límites de sus reservas de uranio enriquecido y agua pesada. Hasta ahora Rohani y la cúpula religiosa iraní consideraban que la buena conducta con respecto al Pacto Nuclear podría morigerar los efectos recesivos de su economía, sin embargo la escasa tolerancia hacia los Estados Unidos, la rivalidad con Israel en Siria y una economía tambaleante determinaron el nuevo rumbo de las relaciones con Washington: De la distensión a la crispación.


¿Anarquía Internacional o Teoría Estructural del Equilibrio de Poder?


Desde la epistemología en los estudios Internacionales, considerar la toma de decisiones de los Estados Unidos como individual y subjetiva conlleva a acordar con la teoría del “bucle” -acción-reacción- en las decisiones internacionales formando parte del cuerpo teórico del politólogo estadounidense Kenneth Waltz quien plantearía en su obra inicial “Man, the State and War” que el análisis de la política internacional no sólo se centra en la naturaleza y el comportamiento humano; la organización interna de los estados sino también en la imagen de la “anarquía internacional” aportando un nuevo elemento analítico en pos del revisionismo a la teoría del realismo clásico.


Para los primeros escritos de Waltz la anarquía internacional no significaba caos o destrucción, sino una derivación lógica como resultado de los comportamientos subjetivos y la organización interna de los estados. Aplicado a la actualidad, esta teoría resultaría porosa y haría aguas por varios lados, ya que en el caso específico de Trump, su conducta se aparta de la lógica de la política interna estadounidense, no así de la lógica de la política exterior funcional al mantenimiento de un sistema mundial donde la globalización ha significado hasta ahora, la americanización del mundo.


En los tiempos maduros de Waltz planteó la Teoría Estructural del equilibrio del poder implicando la ausencia de un poder hegemónico –equilibrio-lo contrario para Waltz –desequilibrio de poder- conduciría a la guerra. Así como Waltz y otros intelectuales tuvieron que adaptar sus obras a los cambios, la guerra fría en los años 70 constituyó una bisagra en la revisión de paradigmas.


Los contextos internacionales no siempre juegan a favor de la realpolitik, ya que en tiempos de distensión mundial la baja política (low politics) le gana espacio a la alta política (high politics) y así como la coexistencia pacífica llegó a su fin con el recrudecimiento de los conflictos –derrota de Estados Unidos en Vietnam en 1975- de la misma forma las teorías huyeron de la zona de confort para comprender el desarrollo de las relaciones internacionales en un mundo en profunda tensión.


Por consecuencia, la conformación del club nuclear de diez o más estados con capacidad atómica no difiere de la etapa de nuclearización entre los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en plena guerra fría, ambos auto-regulaban sus acciones por la psicosis de auto-destrucción, por lo tanto el factor nuclear entre Irán y los Estados Unidos sigue siendo una arista moderadora y un medio de disuasión.


La atención está centrada en la posición geo-estratégica que posee Irán y las ventajas que esto implica contra los aliados regionales de preferencia de los Estados Unidos - Arabia Saudita y el Estado de Israel- en una zona candente de gran circulación comercial y ebullición conflictiva.

El desvelo norteamericano


La República Islámica de Irán custodia el Estrecho de Ormuz -una franja de 54 km en su punto más angosto- con la poderosa fragata Sahand por donde transita entre el 30 y 35 % del petróleo mundial y otros productos desde los puertos de Irak, Kuwait, Qatar, Baréin, Emiratos Árabes Unidos como también de Arabia Saudita. El Estrecho de Ormuz es el paso obligado de la ruta marítima del petróleo que conecta el Mar de Omán con el Golfo de Adén, el Mar Rojo, Canal de Suez y el Mar Mediterráneo. El desvelo norteamericano se centra en el poder de disuasión que concentra Irán en el paso obligado del mayor tránsito del oro negro del mundo.


El estado persa altera los ánimos de varios estados cuando anuncia con patrullaje militar el cierre del estrecho de Ormuz aunque esto implique un gran esfuerzo militar y la violación de leyes y reglamentos internacionales.


Desde Teherán se evalúan los costos y riesgos de bloquear el paso, sería una declaración de guerra directa con el agravante que en la ruta marítima hacia el oeste orillando Omán y Yemen se encuentra Djibouti -en el estrecho de Bab el – Madeb- un pequeño país africano en el cuerno de África en las costas del Mar Rojo, dónde están instaladas bases militares de Estados Unidos; Francia; Italia; Japón y China. El Estrecho de Ormuz históricamente se define como la “zona gris” –espacio de conflicto entre la zona blanca (resolución formal) y zona negra (enfrentamiento armado directo)- para Irán por ser una región altamente volátil tanto por la guerra en Yemen como el terrorismo islamista en Somalia, lo que turba la tranquilidad de los Estados Unidos y aliados ideológicos.


Ni Anarquía Internacional ni Equilibrio de poderes de Waltz; el realismo político en las relaciones internacionales en su estadio más tradicional formulado por Hans J. Morgenthau enmarca el estato-centrismo de los Estados Unidos en un complejo panorama de desorden geopolítico donde la pulseada contra la República Islámica de Irán no depende de sus flotas ni ejércitos, sino de aliados fieles que reverencien las irreverencias de Trump.

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